“El Gobierno Nacional considera como su deber principal revivificar en la nación el espíritu de unidad y cooperación. Preservará y defenderá aquellos principios básicos por los cuales fue edificada nuestra nación. Considera la Cristiandad como la fundación de nuestra moralidad nacional, y la familia como la base de la vida nacional”. Adolf Hitler.

viernes, 21 de enero de 2011

Alois Hudal


Escrito por Fabián Granobles Ocampo
Publicado por Daniel Galarza Santiago

El Obispo Católico Austriaco Alois Hudal (1885 - 1963), era hijo de un zapatero y nacido en Graz, Austria, donde estudió Teología entre (1904) y (1908). Alois Hudal fue ordenado al sacerdocio el 19 de julio de (1908). Aunque el Profesorado prometida a él en la Universidad de Viena, nunca se le dio, Alois Hudal se convirtió en un especialista señaló en la Liturgia, Doctrina y Espiritualidad de la lengua eslava oriental de las Iglesias ortodoxas. Alois Hudal estuvo como capellán de la parroquia en Kindberg, antes de salir a estudiar a Roma. En (1911), se convirtió en Doctor en Teología en Graz. Después de completar sus estudios de Doctorado, entró en el Colegio Pontificio de Santa Maria dell'Anima en Roma, donde se desempeñó como capellán entre (1911) y (1913), la asistencia a cursos en el Viejo Testamento en el Instituto Bíblico. Allí tuvo su segundo Doctorado, sobre "La Religión y Moral de las ideas del Libro de los Proverbios". Esta tesis fue publicada en (1914). Tomó residencia en la Facultad de Estudios del Antiguo Testamento en la Universidad de Graz en (1914).

Un Asistente de Capellán Militar durante un período de servicio en la Primera Guerra Mundial, en (1917), Hudal publicó sus sermones a los soldados, en la que expresó la idea de que "Lealtad a la Bandera es la lealtad a Dios", aunque también la advertencia en contra de "Nacional chovinismo "en ese momento. En (1923), fue nombrado Rector del Colegio Teutónico dell'Anima de Santa María en Roma, un Seminario Teológico de los Sacerdotes de Alemania y Austria donde se había presentado como estudiante de doctorado. En (1930), fue nombrado Consultor del Santo Oficio por el Cardenal Rafael Merry del Val, quien Hudal en sus memorias considera un "gran señor de la Iglesia". El (1 de junio de 1933), Alois Hudal fue elegido Obispo titular de AELA y recibió su consagración episcopal del Cardenal Eugenio Maria Giuseppe Giovanni Pacelli (posteriormente Papa Pío XII) el (18 de junio de 1933), que sucedió el Cardenal Merry de Val como el protector el Cardenal de la Iglesia Nacional Alemana de Roma. Alois Hudal era, además, un protegido del Cardenal Austriaco Theodor Innitzer, 10 años mayor que él y Arzobispo de Viena desde (1932) hasta (1955).

La red de fuga en que intervino el Vaticano se llamó la “Ruta de los Monasterios” o la “Ruta de las Ratas” y fue la más eficaz de todas las vías de escape planificadas por los conjurados de la Maison Rouge de Estrasburgo. Estimaciones coincidentes indican que 5000 jefes nazis se alcanzaron a escapar gracias a esta organización. Su sede central estaba en Roma, Italia operaba desde oficinas propias bajo la cobertura de la “Pontificia Comisión de Asistencia” (PCA) a la que Pio XII había conferido competencia exclusiva en el manejo de los temas vinculados a prisioneros y refugiados de guerra. El cerebro y ficha clave era el Obispo Austríaco Alois Hudal, Jefe de la Sección Austríaca de la PCA y Rector del Colegio Alemán Santa María dell’ Anima, sito en Piazza Navona, en Roma, Italia. 

El Obispo Católico Austriaco Alois Hudal, ferviente nacionalista y antisemita austríaco, veía el Nacionalsocialismo (Nazismo) como una continuación del Sacro Imperio Romano Germánico que podía hacer frente al peligro del Marxismo y el Judaismo (los cuales eran considerados como lo mismo). Este Obispo Austriaco fue autor de un libro llamado “Las Bases del Nacionalsocialismo” ("Die Grundlagen des Nationalsozialismus"), una verdadera apología del Nacionalsocialismo (Nazismo) y una conciliación del Nazismo con el Catolicismo. Fue editado en Leipzig y en Viena en (1936), y un ejemplar del mismo fue enviado por Alois Hudal a Adolf Hitler, con una dedicatoria manuscrita que decía: “Al artífice de la grandeza alemana”. Asimismo Alois Hudal se autoproclamaba “jefe espiritual de los católicos alemanes residentes en Italia”. Para determinar el papel que Alois Hudal jugó en la huida de los altos mandos nazis hay varias fuentes posibles:

1). Sus propias memorias (“Diarios Romanos”).
2). La versión de los historiadores oficiales de la Iglesia Católica.
3). Un informe del agregado militar de los EUA en Roma en (1947).

Los archivos del Vaticano y de Santa María dell’ Anima
Sus “Memorias” y la versión oficial del Vaticano se complementan extrañamente.

1. En sus “Memorias”, Alois Hudal no duda en admitir la ayuda que prestó a los criminales prófugos. Mantuvo esta posición hasta su muerte ocurrida en (1962). Según el propio Alois Hudal, esta tarea de ayuda corría por cuenta del Vaticano. Para Ignacio Klich, Coordinador Académico de la “Comisión por el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina” (CEANA), esto no ofrece duda alguna: “El rol de Alois Hudal durante la guerra no habría sido posible sin la aprobación del Vaticano”.

2. La opinión contraria fue sostenida por Robert Graham, un Sacerdote Jesuita Historiador Oficial del Trono Papal. La tesis de Robert Graham para desautorizar a Alois Hudal es simple: Estaba fuera del Vaticano. Dicho de otra forma: Alois Hudal habría actuado solo y por su cuenta. Sin embargo como consigna Ignacio Klich en “Le Monde Diplomatique”: “Es quizás cómodo actualmente hacer del Obispo Alois Hudal el principal responsable de las evasiones, pero conviene subrayar que ni la ruta de los monasterios ni su propio papel durante la guerra, hubieran sido posibles sin la luz verde de la Santa Sede”. Cabe agregar que esta tesis del Vaticano tampoco explica el hecho de que muchos otros religiosos, como ya veremos, también colaboraron, y mucho, con los fugitivos de la Alemania Nazi.

3. Un elemento de juicio capital es un “memorándum secreto dirigido en mayo de (1947) al Secretario de Estado Estadounidense, George Marshall, por el Agregado Militar en Roma, Vincent La Vista”. Este documento recién salió a la luz 35 años después de redactado. Fue obtenido por el historiador Charles Allen Jr. y fue publicado en la prensa de Paris, Francia y New York, EUA en febrero de (1983). Sin ningún tipo de eufemismos en “el informe se define al Vaticano como la principal organización implicada en el movimiento ilegal de personas”, dando los detalles sobre el funcionamiento de una gigantesca red de evasión. Según el militar norteamericano “desde (1947) existía una compleja organización dirigida por altos dignatarios vaticanos, encargada de poner a salvo a los nazis que vagaban sin rumbo por Europa”. El funcionamiento de la red se basaba en una cadena de recomendaciones y conocimientos personales que permitía a los prófugos conseguir asilo, dinero y documentos antes de ser embarcados para puertos seguros. Este informe se ocupa naturalmente del obispo Alois Hudal, pero también agregó una “lista de otros 21 dignatarios vaticanos implicados en la organización de fugas”, citando entre ellos al Cardenal Católico Italiano Humberto Siri, al Arzobispo Católico Yugoslavo Kronislav Draganovic, el Obispo Católico Iván Bucko, así como una larga de serie de sacerdotes. La veracidad de este informe, que no ha sido rebatido convincentemente por la Iglesia Católica, iba a comprobarse con el correr del tiempo.

4. Es muy significativo que aún hoy, en pleno s. XXI, los archivos del Vaticano y de Santa María dell’Anima permanecen todavía cerrados al público por la Jerarquía Vaticana, que no permite que nadie investigue los documentos que allí se guardan vinculados a este tema.

Por otra parte -y para desgracia del Vaticano- muchos de los que huyeron por la “Ruta de las Ratas” o “Ruta de los Monasterios”les dio por escribir sus memorias y también allí la Iglesia Católica se vio involucrada directamente, esta vez por los propios fugitivos. Este fue el caso de un ex oficial de las SS, ayudante durante la guerra del ministro de Relaciones Exteriores Nazi Joachim Von Ribbentrop, llamado Rainer Spitzi, quién vivió hasta (1992) en Salzburgo, Austria. Rainer Spitzi huyó de Europa por una ruta de conventos de monjes trapenses españoles, y ayudado por los frailes logró embarcar hacia Buenos Aires, Argentina. En sus memorias, titulada “Como escapamos de los aliados”, narra las peripecias de su huida a través de conventos españoles y su relación con los monjes a quienes según él ”los comunistas habían maltratado y por eso ayudaban a cualquier anticomunista”.

También el Coronel Nazi Hans Ulrich Rudel, que también logró llegar a Buenos Aires a través de senderos eclesiásticos escribió en sus memorias que “En otras cuestiones uno puede tener la opinión que quiera sobre el catolicismo. Pero lo que hizo la Iglesia en esos años para salvar valioso capital humano de nuestro pueblo, los que ha logrado salvar a menudo de una muerte segura, sobretodo a través de la intervención de personalidades de extraordinaria calidad humana dentro de la Iglesia, debe permanecer grabado siempre en nuestra memoria”. Y refiriéndose luego al Obispo Austríaco Alois Hudal decía: “A través de él, Roma se convirtió en refugio y en salvación de muchas víctimas de la persecución después de la “liberación”. Y más de uno de nuestros propios camaradas encontró el camino de la libertad a través de Roma, porque Roma estaba llena de hombres de buena voluntad”.

En el Semanario Página 12 en Buenos Aires, Argentina el (12 octubre 1997) titulado: “El papel de la Iglesia en nuestro país. Los que importaron nazis” se publicó lo siguiente: “Una de las tareas ineludibles de la Comisión de Esclarecimiento de las Actividades Nazis en la Argentina (CEANA), conformada en el marco de la Cancillería, es estudiar el papel que le cupo a la jerarquía eclesiástica vaticana en el traslado de criminales de guerra desde los restos del Tercer Reich hasta nuestro país, en la posguerra. Los datos son incriminantes: Jerarcas nazis prófugos de la Justicia, acusados de los más graves crímenes de lesa humanidad, entraron por el puerto de Buenos Aires con pasaportes emitidos a nombre falso por el Vaticano y con el paraguas de la Cruz Roja. Erich Priebke utilizó esta llamada Ruta de las Ratas y otros criminales como Karl Adolf Eichmann, Klaus Barbie y Ante Pavelic hasta ingresaron a Argentina como sacerdotes. La CEANA intentó recientemente acceder a los archivos del ya fallecido Obispo Alois Hudal, el alma mater en el traslado de los criminales de guerra a Argentina, pero hubo un rechazo categórico. También la Comisión quiere revisar los documentos aún secretos del Vaticano, ya que hasta el momento sólo se puede acceder a una especie de selección hecha por la misma Iglesia hace varios años y la veda subsiste para la gran mayoría de los documentos de la época. Hasta el momento, parece que el proceso autocrítico del Vaticano es más acelerado que el proceso de apertura de archivos. La CEANA es una comisión conformada para esclarecer la influencia nazi en la Argentina, tanto la llegada del llamado oro nazi como el arribo de submarinos, criminales de guerra o inversiones realizadas por jerarcas del Tercer Reich (Alemania Nazi). 

En el marco de la investigación, Matteo Sanfilippo, el hombre de la CEANA en Italia, pidió autorización al Colegio Santa María Dell Anima de Roma para estudiar la documentación referida a quien fuera rector de esa institución eclesiástica en la posguerra, el Obispo Alois Hudal. En sus memorias, este obispo se jactó de haber colaborado con jerarcas nazis para ayudarlos a huir hacia Latinoamérica, pero la versión oficial de la Iglesia Católica es que lo hacía sin la aprobación del Papa Pio XII, más bien exculpado por el documento vaticano de ayer. La mayoría de los historiadores coinciden en que el trabajo de Alois Hudal no pudo pasar inadvertido para el Vaticano ya que movía decenas de personas de un convento a otro e incluso hubo un informe norteamericano en el que se califica al Vaticano como “la principal organización implicada en el movimiento ilegal de personas”. En ese informe se señala a 21 dignatarios vaticanos que participaban en la organización de la huida de nazis. “Esperamos que ahora, a la luz del proceso que viene impulsando el Papa, se pueda acceder a la documentación. La realidad es que han usado la prohibición en forma discrecional. Si uno quería investigar un tema irritativo, como la cuestión de los nazis, había una negativa categórica”, dijo a Página/12 el Coordinador Académico de la CEANA, Ignacio Klich.

Es importante agregar a esto, que antes de que la CEANA comenzara su labor, se conocían algunos documentos argentinos que demostraban que en (1946) Monseñor Giovanni Montini (quién luego sería Papa Pablo VI), de la Secretaría de Estado Vaticana de Pio XII, se contactó 2 veces con el Embajador Argentino ante el Vaticano. En la segunda oportunidad transmitió la preocupación papal por todos los católicos impedidos de regresar a sus hogares por la probabilidad de ser objeto de persecuciones políticas, proponiendo la elaboración de un plan de acción conjunta entre expertos de Argentina y del Vaticano. 

En ninguno de estos documentos hay referencias específicas sobre la exclusión de dicho plan de los responsables de crímenes de guerra, algo que genera interrogantes respecto de la responsabilidad de otros personajes del Vaticano visto el reconocido papel que el Sacerdote Católico Draganovic, Secretario de San Girolamo degli Illirici, desempeñó en la huida criminales nazis a Argentina. Asimismo, Matteo Sanfilippo encontró pruebas de la intercesión del Cardenal Católico Eugene Tisserant, quien pidió visas argentinas para un puñado de refugiados del Régimen de Vichy en Italia, temerosos de retornar a Francia por la posibilidad de quedar expuestos a severos castigos y/o venganzas personales. Los historiadores responsables del estudio de la conexión vaticana han descubierto en Italia un documento inédito que confirma el rol de la Iglesia Católica en la investigación de una suerte de seguro para los soldados perdidos del Tercer Reich y sus colaboradores. Una carta del Cardenal Francés Eugène Tisserant, responsable de la Misión del Vaticano en Europa Oriental dirigida en mayo de(1946) a la Embajada de Argentina en Roma, Italia “cuando su eminencia el Cardenal Caggiano (en la época, Primado de Argentina) y su excelencia Monseñor Barrere (Obispo de Tucumán en el Norte de Argentina) se encontraron en Roma, me han hecho entender que el gobierno de la República Argentina estaría dispuesto a recibir a franceses que por su actitud política durante la reciente guerra se expondrían si reingresan a Francia a medidas de rigor y venganzas privadas”, escribe el prelado francés. Y reclama a los diplomáticos tener a bien conceder visas para las familias Plissard y Reuillard, así como también para Pierre Aubry.

Esta correspondencia confirma otros 2 descubrimientos realizados por Ignacio Klich sobre el rol del Vaticano . Como vimos en junio de (1946), el cardenal Montini se aproximó al Embajador Argentino del Vaticano para proponerle que los expertos de los dos estados trabajen juntos a fin de responder a las inquietudes del Papa Pío XII, concernientes a los católicos que no podían volver a sus hogares. 

En (1949), por fin, Pío XII, en una entrevista con el “Washington Post” expone sus buena disposición “en materia de inmigración”. Buena disposición que suponía incluso un peaje de entrada y que le habría reportado al Régimen Argentino, según los servicios secretos estadounidenses, alrededor de 800 millones de dólares. En febrero de (1997) el abogado Pedro Bianchi, antiguo diplomático argentino entre (1946) y (1948) y defensor del nazi Erich Priebke durante su proceso en Italia, declaró al Semanario “Newsweek” que : “Perón llegó a enviar a Viena por valija diplomática hasta 2.000 pasaportes argentinos y 8.000 cartas de identidad vírgenes a fin de facilitar la llegada de fugitivos a su país”. Demasiadas coincidencias, demasiada gente, demasiado dinero, demasiados servicios secretos, demasiados diplomáticos y demasiados gobiernos involucrados como para creer que un solo obispo fuera responsable de semejante organización sin que nadie se hubiese enterado en Roma.

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